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LA FAVORABLE situación
comercial de la vasta región bañada por
el Níger ha concentrado desde hace siglos una
especial mezcolanza de etnias y pueblos, muy carismáticos
y, a la vez, muy diferentes entre sí. Muchos
han sabido preservar sus costumbres más ancestrales
que, aún hoy, entre las populosas callejuelas
de las principales ciudades, como Mopti o bamako, podemos
observar y reconocer.
Los bambara, que se concentran mayoritariamente en Bamako
y Segou, son el grupo humano más numeroso de
Mali. El chiwara, un cubrecabezas tallado en madera
con forma de antílope, representa su especial
sensibilidad artística.
Los tuareg, los míticos y orgullosos hombres
azules, se concentran en las proximidades de Tombuctú,
permaneciendo siempre en contacto con el desierto, de
donde proceden.
Los dogones, prefirieron el aislamiento de la escarpada
falla de Bandiagara. Sus costumbres y su particular
forma de concebir el universo, les hace ser uno de los
rublos más atractivos y misteriosos del planeta.
Las aldeas dogonas ocultan el secreto de este pueblo
en un simbolismo difícil de descifrar que toma
forma en las máscaras, las danzas y en las reuniones
en el toguna, o casa de la palabra.
Los bozos son los artistas de la pesca. Expertos en
estas artes, son los mejores conocedores de las aguas
del Níger.
Los peul se dedican a la ganadería, pero más
que ellos, ellas, las mujeres peul, despiertan gran
admiración por su belleza probablemente de origen
egipcio.
Los songhai, descendientes del gran imperio songhai,
que se concentran en los alrededores de Gao, practican
todo tipo de actividades.
Todos estos pueblos tienen su propia historia y un carácter
particular, pero casi todos comparten una misma manera
de heredar su pasado: la palabra. A través de
cuentos, mitos, danzas, cantos y charlas, los sabios
ancianos, siempre respetados y dignificados, reconstruyen
la historia de su pueblo, dejando un sólido poso
que les servirá a los más jóvenes
para explicarlo en el futuro. En África, "cuando
un anciano muere, una biblioteca se quema", tal
como decía Hampate Ba, el escritor más
sutil de Mali.
Presenciar una de estas escenas en alguno de los improvisados
círculos que se forman en las plazas, permitirá
al observador reconocer toda la solemnidad y trascendencia
que encierran, aún sin entender una palabra de
los dialectos en los que se expresan.
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